lunes, 24 de mayo de 2010

En la noche cuando a ciegas su alma acompaña el sendero insierto de nuestro devenir
me deja admirar su caminada valiente de mujer madura,
sus cabellos cortos de un negro azabache infinitos como la profundidad del universo,
su rostro redondo de perfil apasionado decorado con el dulce carmesí de sus labios,
su cuerpo de cálida belleza que refleja aromas de canela, su simpatia agil, atrevida y en el aire aun flotan las curvas, todas formando partes de un todo que decora el cielo eterno del amor.

martes, 11 de mayo de 2010

Lokas o no, Feliz día...

A mi madre le decían loca

Yo tenía diez años de edad. Un niño no comprende el lenguaje vertical
y pensaba que quizá mi madre era loca.

Cierta vez me armé de valor y le pregunté: ¿Con qué miramos?
Mi madre me respondió: "Con el corazón".


Cuando mi madre se levantaba de buen humor cantaba:
" Hoy me he puesto mi vestido de veinte años".
Yo sabía que no tenía veinte años y la miraba,nada más.
¿Qué puede hacer un niño, sino escuchar?
Si mi madre estaba triste decía estar vestida de niebla.

"Hoy tengo ochenta años" -dijo-, cuando desaprobé un curso.
Al fin pude terminar la educación primaria.
El día de la clausura

llegó tarde. Se disculpó diciendo: "Hijito, me demoré porque
estuve buscando mi vestido de Primera Comunión,
¿No ves mi vestido de Primera Comunión?".
Miré a mi madre y no estaba vestida de Primera Comunión.

Después tuvo ese accidente fatal. Me llamó a su lado,
cogió fuerte mis manos y dijo: "No tengas pena, la muerte no es para siempre" .
Pensé: mi madre no se da cuenta de lo que habla. Si uno muere es para siempre.

Era niño y no entendía sus palabras.
Ahora tengo cincuenta años y recién comprendo sus enseñanzas.
Sí, Madre. Podemos tener 20 años y al día siguiente ochenta.

Todo depende de nuestro estado de ánimo.
Los ojos sirven para escuchar porque debemos mirar con atención a quien nos habla.
Para conocer la realidad esencial de una persona, tenemos que mirarla con el corazón.
La muerte no es para siempre, sólo muere lo que se olvida y a mi madre la recuerdo porque la quiero.

Ahora -en sueños platicamos- nos reímos de su método de enseñanza.Aprendí a mirar con el corazón.
Una noche me dijo:
"He notado que te molestas si tus amigos te dicen loco y eso no está bien.

Es natural que el hijo de una loca sea loco".
Entonces -por primera vez- repliqué a mi madre y le dije:

"Madre, te equivocas, no siempre el hijo de una loca tiene que ser loco; a veces es poeta".
Por eso puedo decir con orgullo: "A mi madre le decían loca, pero no era loca, era profesora.
Me enseñó a descubrir la vida después de la muerte".



Max Dextre
Abril de 1936 - Marzo de 1998
Poeta, periodista cultural.

otros poemas en:
http://poetasperuanos.roland557.com/seis.htm
Gracias por el fuego.